CONÓCENOS

Somos Irene Miranda y Andrés Ribada, y juntas formamos este Matrimonio Literario

MATRIMONIO LITERARIO

La semilla de nuestro Matrimonio Literario fue plantada hace cinco años. La primera conversación que tuvimos fue, cómo no, sobre mitología griega.

Era la hora de la comida y Andrés estaba muy cabreado. Por azares del destino se sentó junto a Irene, pero no con ella, y comenzó a hablar sobre la Quimera con una amiga suya. De repente, una sensual y profunda voz llamó su atención y le habló (esto, evidentemente, lo ha escrito Andrés): «Era hija de Equidna», dijo esa voz femenina.

Flechazo instantáneo.

Varios años más tarde llegaría la gran pregunta:

«Tengo un proyecto que quiero hacer. No sé ni cómo ni cuándo, solo sé que tiene que ser contigo», dijo Andrés un día de otoño.
«Me hace mazo de ilusión que me propongas esto», contestó Irene (ella, madrileña y muy madrileña).
«A mí también, tía», replicó Andrés. Y después procedió a enviar un audio de siete minutos explicando la idea.

EL NACIMIENTO DE LA SAGA AKARI

Medio año después floreció la versión 1.0 de La Amazona de la Medialuna. Pero aún faltaría otro medio año más para que pudiera ver la luz. En el camino, Irene tuvo una revelación.

Estábamos en Cefalú, Sicilia. En este pueblo hay un colosal peñasco, y casi en lo más alto se encuentra un templo megalítico dedicado a la diosa Diana (Artemisa, para los amigos). Al entrar en él, el templo cobró vida en nuestra mente y, como si fuéramos sus sacerdotisas, recorrimos el camino hasta el altar. Allí, la emoción pudo con nosotras y nos sentimos más cerca que nunca de ella.

Al bajar del peñasco, la… ¿casualidad? hizo que pasáramos por delante de una joyería y viéramos dos anillos mellizos. Ambos con una turquesa engarzada, pero uno decorado con una cornamenta y otro con una medialuna. Evidentemente, Artemisa nos había dado lo que no sabíamos que necesitábamos.

Desde ese día podemos estar físicamente alejadas, pero nunca separadas.

Somos las escritoras de la Saga Akari y esta es nuestra historia

IRENE MIRANDA

Cuando era pequeña quería ser arqueóloga. De adolescente, astrónoma. Y he acabado siendo una artista doctorada y enamorada de la historia y la astrología. Eso no ha hecho más que hacerme ganar fama de bruja… Vamos, todo un orgullo para mí.

Las ganas de crear no solo con pinturas, sino con palabras, hicieron que durante toda mi vida haya escrito multitud de historias y relatos que jamás han llegado a ningún puerto… Aún. Pero siempre hay una excepción. Creé Las Bellas Atroces, un ensayo ilustrado donde analizaba la imagen de la mujer mitológica dentro del arte y del mundo audiovisual.

Mi experiencia en ese campo me llevó a prestar especial atención al contenido. Eso y mi inagotable creatividad es lo que traje a este Matrimonio.

ANDRÉS RIBADA

Cuando era pequeño quería ser médico forense, y ese fue el plan hasta que descubrí el teatro. ¿Por qué ser forense de verdad si podía fingir que era uno? Durante muchos años perseguí ese sueño, pero algo no me terminaba de llenar.

Fue entonces cuando caí en los brazos de la literatura, que siempre había estado mandándome señales que yo parecía no captar. Aunque he de ser sincero: cuando me tiran fichas, no me doy cuenta hasta que no son tejas. Bueno, que me desvío… En ese momento pensé que para qué fingir ser médico forense si podía escribir la historia de uno. Y así fue como me consolidé como escritor.

Sin embargo, no he escrito novela negra… Aún. Lo que sí he creado es un poemario, Glosario de Cartas Inconclusas Vol. 1 – Soledad, y mi experiencia en ese campo me llevó a prestar especial atención a la forma. Eso y mi insaciable imaginación es lo que traje a este Matrimonio.